Hoy en día, cuando preparo mis clases de precálculo, geometría o algebra lineal para mis estudiantes, me ha sucedido algo muy curioso, he venido dejado a un lado los libros clásicos por la Internet. Creo que no soy el único al que le pasa este tipo de cosas. Sin darme cuenta reviso los temas , leo mi correo, chateo con algún colega o voy rápidamente a faceboock a ver las fotografias de la reunión familiar del fin de semana. En ocasiones me pregunto ¿será que me falta concentración?, ¿me estoy volviendo disperso?, o definitivamente ¿me estoy volviendo como mis estudiantes?. En fin, creo que las TIC trasforman los procesos educativos desde las dimensiones más personales y profundas.
En evidente que en la red encuentro fundamentación teórica a muchos contenidos que es necesario abordar con los estudiante, pero me he dado cuenta, que mi atención ahora gira más en la estrategia didáctica para llevar esos contenidos al aula con o sin apoyo de las TIC. He venido cambiando el libro de Apostol, Grossman y Moise por una cantidad de páginas html, sitios Web, repositorios de objetos de aprendizaje en los cuales encuentro que mi labor no es tomar un contenido cerrado y estático y trasmitirlo a los estudiantes, sino en este nuevo panorama que brinda la red, que elementos encuentro interesantes para reutilizarlos y recomendarlos a mis estudiantes. Tener a la mano contenidos teóricos precisos, claros, coherentes y profundos es fundamental, y no se puede dejar a un lado, pero como docente siento que debo centrar mi energía en filtrar y seleccionar aquellos contenidos que se acomodan mejor a las necesidades educativas de los estudiantes.
Con relación a esto, me encuentro identificado con Nicholas Carr cuando en su artículo “Is Google making us stupid?” afirma que lo que la red ha hecho en él frente a la cultura de leer es socavar su capacidad de concentración y de contemplación. Es decir, las acciones que llevábamos a cabo con herramientas en papel se han trasformado cuando las llevamos a cabo con herramientas digitales. Y me parece totalmente lógico, ya que estamos hablando de procesos mentales los cuales son el resultado del canal de interacción entre el sujeto y el objeto de estudio. No podemos esperar que actos como leer o escribir sean exactamente igual en uno que en otro medio, ya que las herramientas disponibles, el ambiente generado, la presentación, la posibilidad de acceder a diferentes fuentes, entre otos aspectos, cambian y por tanto condicionan nuestro desempeño. En palabras de Carr debido a la red ahora existe un tipo diferente de la lectura, y detrás de ella se encuentra un tipo diferente de pensar-quizá incluso un nuevo sentido de sí mismo.
En evidente que en la red encuentro fundamentación teórica a muchos contenidos que es necesario abordar con los estudiante, pero me he dado cuenta, que mi atención ahora gira más en la estrategia didáctica para llevar esos contenidos al aula con o sin apoyo de las TIC. He venido cambiando el libro de Apostol, Grossman y Moise por una cantidad de páginas html, sitios Web, repositorios de objetos de aprendizaje en los cuales encuentro que mi labor no es tomar un contenido cerrado y estático y trasmitirlo a los estudiantes, sino en este nuevo panorama que brinda la red, que elementos encuentro interesantes para reutilizarlos y recomendarlos a mis estudiantes. Tener a la mano contenidos teóricos precisos, claros, coherentes y profundos es fundamental, y no se puede dejar a un lado, pero como docente siento que debo centrar mi energía en filtrar y seleccionar aquellos contenidos que se acomodan mejor a las necesidades educativas de los estudiantes.
Con relación a esto, me encuentro identificado con Nicholas Carr cuando en su artículo “Is Google making us stupid?” afirma que lo que la red ha hecho en él frente a la cultura de leer es socavar su capacidad de concentración y de contemplación. Es decir, las acciones que llevábamos a cabo con herramientas en papel se han trasformado cuando las llevamos a cabo con herramientas digitales. Y me parece totalmente lógico, ya que estamos hablando de procesos mentales los cuales son el resultado del canal de interacción entre el sujeto y el objeto de estudio. No podemos esperar que actos como leer o escribir sean exactamente igual en uno que en otro medio, ya que las herramientas disponibles, el ambiente generado, la presentación, la posibilidad de acceder a diferentes fuentes, entre otos aspectos, cambian y por tanto condicionan nuestro desempeño. En palabras de Carr debido a la red ahora existe un tipo diferente de la lectura, y detrás de ella se encuentra un tipo diferente de pensar-quizá incluso un nuevo sentido de sí mismo.

De otra parte, considero que frente a esa nueva “ética intelectual en la red”, como la llama Carr, es necesario ser cuidadosos. Una cosa es que Google nos brin tantas herramientas para facilitar nuestras labores diarias en la red y otra cosa muy distinta es que permitamos que nuestra forma de pensar o actuar en ambientes apoyados en la tecnología respondan a sus esquemas de organización y de manejo de la información exclusivamente. Allí, si tendría que decir que la tecnología deja de ser una herramienta para transformarse en un mecanismo de alienación donde sólo nos movemos en la red por aquello que Google nos posibilita. Estariamos llegando a la esclavitud digital donde sin este buscador no somos nada en la red o seríamos un navegante en masa que responde a un consumismo informático cada vez más condicionado.

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